Las horas escondidas

¿Qué haces llorando en silencio?

Tus lágrimas salen a hurtadillas.

Ahogas los gemidos

y los apagas en tu pecho.

Esperas la noche

como quien espera la libertad robada.

Escondes tu rostro entre las sábanas

y, cuando las luces se apagan,

brillan tus mejillas,

se afilan tus pestañas

y te duermes

con la sensación de estar menos vacío,

un poco libre.

Las noches son cortas

y, aun así, la almohada no alcanza.

Consultas todo

y llegas a nada.

Cada noche, la misma.

Oscurecen espesos tus pensamientos.

Los sueños llegan,

pero desaparecen con la luz del día.

Te levantas con el peso de la noche,

que no libera nada.

Y cargas tu condena impuesta

con una sonrisa,

negando la noche,

abrazando un sol que no brilla.

Elia Santos


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