¿Qué sería de mí sin mi imaginación?
¿Cómo libraría obstáculos sin mis letras?
¿Cómo vertería mis temores y miedos?
Escribo lo que siento,
lo que imagino
y lo que callo.
Pero nunca he usado mis palabras
como castigo.
Y tampoco son una verdad absoluta.
Mi poesía no es el diario de mi vida.
Quiero que sepan
que mi imaginación no tiene límites,
que escribo una historia basada
en la hoja que nunca cayó del árbol
aquel que se secó en el primer mes.
En la pareja que discute en la esquina
y que, al acercarme,
solo eran dos niños jugando a las escondidas.
Que mi imaginación me da para vivir
mil vidas:
propias,
imaginarias
y sentidas.
El que atribuya que todas mis letras
van de mi vida
y que invente hilos,
calumnias y emociones
que jamás he sentido
me entristece.
La poesía no es para hacer daño.
Él, que me conoce, sabe
cómo puedo crear una vida
con solo una palabra.
Y que crea en otras palabras
más que en mi arte mostrado
me da más pena
que las personas que no valoran el arte.
Pero, si te hace sentir mejor
y las penas son más leves,
entonces piensa,
cree que soy la copia idéntica
de lo que escribo.
No sé cómo demonios hago
para sentir todas esas emociones,
pero, si quieres, créetelo.
Créelo, todo es posible.
Por mí puedes suprimirme,
pero jamás censurarme.
Elia Santos
Deja una respuesta