Mis amigas están locas

Mis amigas están locas,

dicen.

Que caminan rápido,

como si el mundo no bastara,

mirándolo todo

como si fuera suyo.

Que incomodan,

que sostienen la mirada demasiado tiempo,

que su pulso es impredecible

y su risa,

un lugar sin norma.

Dicen

que no saben callar,

que no aprendieron a agachar la cabeza,

que apuntan siempre hacia arriba

aunque el suelo las reclame.

Mis amigas están locas,

repiten

las que aprendieron a doblarse sin ruido,

las que sueñan de noche

lo que de día no se permiten.

Llevan eslabones invisibles,

forjados despacio:

costumbre,

decoro,

miedo.

Y nos llaman locas.

Locas

por bailar bajo la lluvia,

por no pedir permiso al cuerpo,

por ignorar el ridículo

como se ignora una jaula abierta.

Locas

por no entender la obediencia,

ni la hora impuesta,

ni el cansancio que domestica.

Estamos locas, sí.

Trabajamos hasta romper el día

y, aun así,

nos queda fuerza

para elegirnos.

Caminamos sin deuda,

brindamos sin culpa,

volvemos sin prisa.

Nadie nos espera

con relojes en la voz.

Nos quitamos los zapatos.

Y en ese gesto mínimo,

casi invisible,

somos

irremediablemente libres.

Elia Santos

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.