El ego se ha saciado.
El suceso fuera de lo cotidiano
ha quedado atrás.
Tus luces ya no brillan.
Ya no saltarás.
Yo soy experta saltadora
y sé que tú no lo harás.
No es fácil saltar con gravedad.
Se necesita ligereza de deudas,
no acumular culpas.
Cuando saltas, sueltas.
Yo puedo ver tus manos,
tus pies atados a hierros
incandescentes.
Tus ideas, cada día,
menos tuyas.
Estás falto de libertad.
Por un momento quise
quedarme contigo
y desatar tus nudos.
Pero yo, siendo una experta saltadora,
salté sin esperar más.
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