He robado tantas estrellas,
las he guardado en el lugar
donde viven mis sueños no cumplidos.
Si por ladrona
esos sueños no han de cumplirse,
y he de vivir
sin la inmerecida luz que me brindan,
me abstengo de perseguirlos.
Renuncio a ellos.
La esperanza de alcanzarlos
solo brilla en esas estrellas
que habitan el único sitio
donde el sol no me deslumbra.
Titilan expectantes,
sin descanso las estrellas.
Son más mía
que de su verdadero dueño.
No encuentran cobijo
más que en mis ojos,
porque las admiro sin parpadear.
No me ciegan.
No me pesan en la espalda.
No dañan mi conciencia.
Y aunque no tenga brazos,
sé cómo abrazarlas.
Aunque no tenga pies,
sé llegar hasta ellas.
Les hablo enmudecida,
y me escuchan.
Me alcanzan durante el día
y me consuelan por la noche.
Mis sueños
ya son menos míos.
Los han reemplazado
las estrellas.
Elia Santos

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