Los árboles, las calles y el viento
han quedado suspendidos,
cubiertos por una fina capa
de olvido.
Me asomo a tu ventana
semiabierta. Nada transcurre.
Todo está inerte. Al tiempo se le olvidaron
los minutos, se olvidó de acariciarte,
olvidó colorearte el pelo,
profundizar tu mirada.
No te arrebató nada,
no te dio nada.
Hablas como niño,
recorres el mundo
dando traspiés.
Cierro la ventana
y la convierto en puerta
cerrada.
Elia Santos
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