
Los árboles me hablan,
me dicen palabras en zumbidos
aparecen tenaces en mi mente,
y se aferran a mi curiosidad,
como si sus memorias
se encontrarán con las mías,
y desearan abrazarse después de siglos
con desespero vehemente.
¡Cuánto los amo!
Que desearía ser su amiga
Una amiga eterna.
Quizá antes o después fui árbol
En la posteridad, allá cuando sea tierra
quisiera yo ser parte y ver el mundo sin prisa
al lado de aquel que en mi infancia me cuido
y que ahora ya no existe,
porque preso quedo ante el afilado
ruido ensordecedor del hacha
que apagó su brisa.
Pequeña soy y pequeña seré
sino detengo sus desdichas,
grande seré si tengo uno
que comparta mi vida,
las de mis raíces y mis semillas.
Cuando me siento al lado de un gigante,
de esos que llevan cientos de años,
intento comprender lo que me dice,
pero no susurran, no dicen nada.
¡Han sufrido tanto los mudos!
Y hay razón para hacerlo.
No son capaces de comprender
Como el hombre intenta llegar a la luna
Y nunca a sus raíces.
Elia Santos
Abril 2024

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