Tom y Dante, si estáis por ahí,
escuchad el susurro de mi alma;
que vuestros ojos lleven mi mensaje
a la talentosa mujer en cuyo regazo descansáis.
Sea vuestra compañía ese abrazo fraternal
que las distancias me impiden entregar;
sed también la brújula serena
que la ayude, paso a paso, a reencontrar su mar.
Os agradezco el cuidado y la ternura
que prodigáis a una persona tan especial.
Seguid arrancándole sonrisas cada día,
hasta que una sola baste para alcanzar su corazón
y recordarle cuánto vale su luz.
Tom y Dante, gracias por velar
por la mejor de las escritoras;
muchos aún necesitamos de su arte,
de sus palabras,
y de la belleza que deja tras ellas.
J.J. Esgar

Deja un comentario