Estoy amando cuidar de mí.
Todos los días me descubro y me gusto.
Me presento cada día con asombro.
Me abrazo y me consuelo,
me acepto y me rescato,
me riño y me corrijo
con paciencia, esmero y cariño.
Disfruto de este yo egoísta que se prioriza,
que no ama y no cuida a nadie más que a ella.
Me aterro por las noches
cuando pienso que solo a mí me tengo.
No soy la prioridad de nadie
más que la mía.
Y entonces me aterro más
por hacerlo bien.
No quiero fallarme.
Entonces recurro al amor que todo lo puede
y me canto.
Me escribo poesía y me cuido.
Trato de disipar los miedos y euforias,
como si de una convaleciente se tratara.
Cuidados frágiles para curaciones delicadas,
sanación lenta, aún con escaras.
Me ducho con aromas.
Me peino con estímulo.
No sé cuánto tiempo necesite
toda mi atención.
Lo haré y lo disfrutaré.
Elia Santos