
He despertado al anochecer,
cuando por fin
el tiempo es mío.
Me quedan horas
para soñarte,
me quedan horas
para pensarte.
El silencio
me permite revivirte.
Te manipulo a mi antojo:
te revivo mirándome a los ojos,
sonriéndome
con malicia.
Entonces deseo
que la noche sea eterna,
que el día bullicioso
no me duerma
ni me sumerja
en el sueño más profundo:
la rutina
de no tener tiempo
para evocarte.
Elia Santos
2017

Deja un comentario