
Me paré al otro lado de la calle
solo para verte.
Esperaba, con ansias,
que tu presencia
iluminara mi día.
Ni la lluvia
me impidió salir a buscarte.
Sabía exactamente
cómo caminabas,
tus gestos al hablar,
tus ademanes
caprichosos y delicados.
Y ahí estaba yo,
como de costumbre,
al otro lado de la calle,
esperando reunir algún día
el valor de hablarte.
Entonces apareciste.
Con un paraguas rosa,
el cabello alborotado por el viento…
y como si sintieras mi presencia,
me miraste
desde el otro lado de la calle.
Sentí el mundo
desvanecerse bajo mis pies
cuando desapareciste
entre la multitud.

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