Hay veces en las cuales ni yo misma me entiendo, me he caído tantas veces en este camino el cual ha sido demasiado difícil (obstáculos hay siempre) y en el mismo trayecto, además, he sido muy injusta conmigo misma, mucho más que con los demás. He asumido culpas que no eran las mías, por todos los acontecimientos de mi vida y aun así mi propia condena nunca me pareció suficiente, martirizándome una y otra vez con lo mismo.
Creo que somos miles las mujeres y hombres que pasamos por este proceso, de vivir un día a la vez, proceso en el cual hemos tenido encuentros y desencuentros, encantos y desencantos… Un aprendizaje de saber querernos, de saber respetarnos y de saber cuidarnos, albergando una angustia desde pequeños: nuestro niño herido.
Mi niña herida, mi dulce niña herida, esa pulga saltarina buena pa’ la conversa, creció con miedo porque vivió cosas…