
¿Y qué más da, amor,
si la vida
solo te enseñó a jugar?
¿Qué más da
si tus labios
no aprendieron a amar?
¿Qué culpa tienes tú
si a mí la vida
me enseñó a amar,
si mis labios
sí aprendieron a hacerlo?
Dime,
¿qué más da
si tú y yo,
por orgullo,
nunca aprendimos
a ceder?
El final
estaba prescrito.
Tú y yo
no somos más
que historia.
Elia Santos
2017

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